[374]| Del 6 al 10/2 de 2017

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Descripción

Argentina – Empleo: Sin recetas mágicas. Los datos oficiales disponibles a la fecha confirmaban, en primer lugar, que las cifras del mercado laboral habían sido manipulados en la última etapa de la Administración de CFK, vía sistemática subestimación de la tasa de actividad y con el objetivo de mostrar menores cifras de desempleo. Y, en segundo lugar, que la situación laboral se deterioró en forma sostenida entre 2011 y 2015, y que 2016 no fue la excepción.

Profundicemos. La tasa de actividad del tercer semestre de 2016 se ubicó en torno a 46%. Es decir, menos de la mitad de la población urbana total trabajaba o buscaba activamente trabajo durante ese período, piráticamente el mismo resultado que se registró hacia el tercer trimestre de 2011 (45,9%)

Ese guarismo es relativamente bajo en términos internacionales y ahí reside buena parte de la explicación de porqué es tan alta la presión tributaria sobre aquellos que trabajan. Vale por ejemplo observar que, si se considera sólo la población mayor de 14 años, la tasa de actividad local se ubica en 57,7%. En Canadá, Australia y EEUU el 62% de la población de 15 años o más es activa económicamente. En Brasil más de 61% de la población de más de 14 años de edad trabaja o busca trabajo activamente. En Chile, México y España ese mismo guarismo se ubica levemente por debajo de 60% y en todo la Unión Europea lo hace en torno a 58%.

Ahora bien. Durante el mismo trimestre y siempre de acuerdo a la EPH, la tasa de empleo, es decir el porcentaje de la población urbana que tiene un empleo, se ubicó en torno a 42,1%, unos 0,6 puntos porcentuales por debajo del registró correspondiente al tercer trimestre de 2011 y 0,1 puntos menos que el correspondiente al mismo cuarto de 2015. En consecuencia, la población ocupada total experimentó un incremento de 0,9% durante el tercer trimestre de 2016. En línea con el ritmo promedio anual registrado entre el tercer trimestre de 2011 y el mismo cuarto de 2016 (+0,9%)

De todo lo dicho, surge que el incremento de la población desocupada fue el resultado esperable de la combinación de una tasa de actividad o participación que se mantuvo prácticamente constante y una población ocupada que creció por debajo del ritmo de crecimiento de la población.

Al respecto, la tasa de desempleo abierto se ubicó en torno a 8,5% durante el tercer trimestre de 2016, frente a un guarismo comparable de 7% para el mismo trimestre de 2011 y de 8,3% (corregido) para el mismo cuarto de 2015. Para ponerlo en otros términos, el número de personas mayores de 14 años que buscó activamente un trabajo y no lo consiguió se incrementó un 3,8% interanual durante el tercer trimestre de 2016, ritmo inferior al promediado entre ese período y el mismo cuarto de 2011 (5% anual)

Conclusión. En 2016 el desempleo se incrementó porque la economía no creó los suficientes puestos de trabajo. La demanda de empleo corrió detrás de la oferta. Lo mismo que viene ocurriendo desde 2011. Pues, básicamente, desde ese año la economía argentina no logra consolidar un sendero de crecimiento sostenido. Pero aún, si bien hemos alternado subas y bajas, la tendencia fue claramente negativa. Y para colmo de males, estas en una economía que se caracteriza por tener una regulación laboral muy rígida y con altos costos laborales en sentido amplio (los efectivos y los contingentes).

Ahora bien. Obsérvese que de lo dicho en los párrafos precedentes se desprende que entre 2011 y 2016 e, incluso, entre 2015 y 2016, tuvimos, por un lado, un nivel de actividad económica estancado o en leve caída y, por el otro lado, un nivel de empleo en alza. Alza que se quedó corta frente a la de la población, también es cierto. ¿Cuál es la explicación?

La respuesta es una combinación de, por un lado, crecimiento relativo del empleo público, es decir funcionamiento del sector público como una agencia de empleo y, por el otro, deterioro de las condiciones laborales y aumento de la informalidad.

Al respecto, los datos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS) indican que el nivel total de empleo formal acumuló un avance de 0,3% entre el noviembre de 2016 y el mismo mes de 2015. En tanto, el nivel de empleo formal en el sector privado creció sólo 0,2% durante dicho período, frente a un nivel de empleo formal en el sector público que redondeó un alza de 0,7% en dicho período.

En tanto, si la comparación se realiza respecto a noviembre de 2012 se observa que el empleo formal en el sector privado acumuló un alza de sólo 3,9%, frente a un empleo público que hizo lo propio en un 17,3%. Razón por la cual, el último pasó de representar 24% del empleo formal total en noviembre de 2012 a cerca de 26% cuatro años después.

Ahora bien. La situación se clarifica aún más si analizamos la composición del empleo formal del sector privado y si vemos lo que ocurrió con el empleo informal.

Respecto de lo primero, y siguiendo nuevamente a los datos del MTEySS, el nivel de empleo asalariado registrado (formal) en el sector privado registró en noviembre de 2016 una contracción de 1,1% interanual frente a un universo conjunto de trabajadores autónomos, monotributistas y dependientes de casas particulares que hizo lo propio en un 3,6%. Si la comparación se realiza respecto de noviembre de 2012, los incrementos acumulados se ubican en 1,8% y 9,9%, respectivamente.

Respecto de lo segundo, la EPH informa que durante el tercer trimestre de 2016 los asalariados representaron sólo 75,4% del total ocupados y que 33,8% de los mismos eran informales (no se les practicaba el correspondiente descuento jubilatorio) Dicho de otra manera, 50,1% ocupados eran cuentapropistas o informales. Y muchos de esos cuentapropistas eran en realidad asalariados informales “camuflados”. En el tercer trimestre de 2015 los cuentapropistas habían representado 24,6% de los ocupados y los asalariados informales habían hecho lo propio en torno 33,1% de los asalariados totales. Léase, 49,6% de los ocupados eran informales o cuentapropistas. Ergo, ese guarismo se incrementó un 0,5% durante esos 12 meses.

Concluyendo. El sinceramiento estadístico, fundamental y siempre valorado, confirmó, también en el caso del mercado de trabajo, buena parte de lo que los analistas venían señalando para el período 2011-2015. Lo que permitió sincerar el diagnostico. Pero, como era y es evidente, con eso no alcanzó para modificar la suerte del mercado laboral en 2016, que sostuvo la tendencia de los años previos.

En particular, de lo dicho previamente se desprende que el desempleo creció en forma sostenida desde 2011 como resultado de una demanda de empleo que fue menos dinámica que su oferta, aún a pesar de haber estado apalancada por el sector público. El incremento del desempleo no fue mayor, porque el incremento de la informalidad y el cuentapropismo amortiguaron el impacto negativo derivado del mal desempeño del nivel de actividad económica.

De cara a 2017, no hay recetas mágicas. Para lograr una mejora genuina de la situación del mercado laboral, esto es una reducción de los niveles de desempleo en el contexto de un incremento de la formalidad y una menor participación del cuentapropismo, es necesario, por un lado, consolidar un proceso y una expectativa de crecimiento sustentable y, por el otro, mejorar la regulación laboral y reducir la presión impositiva sobre el empleo formal. Lo último con el objetivo de maximizar la denominada “elasticidad empleo-PIB” O, lo que es lo mismo, la traducción en nuevos puestos de trabajo de cada punto de crecimiento del nivel de actividad.